Casi 78.000 muertes en España de aquí a 2050: la resistencia antibiótica no dará tregua

Un informe de la OCDE llama la atención sobre los graves efectos que está causando el mal empleo de estos medicamentos, y que pueden ser devastadores en los países desarrollados.

15 años para la eritromicina, 12 para la getamicina, dos para la meticilina o la ceftazidima y apenas uno para las tetraciclinas; este es el tiempo que ha transcurrido desde el descubrimiento de estos antibióticos comúnmente usados y la detección de las primeras resistencias bacterianas. Una amenaza creciente que está contrarrestando la eficacia de uno de los grandes hallazgos científicos del último siglo, desde que comenzasen a extenderse en los años 40, y que puede ocasionar de aquí a 2050 más de 2,4 millones de muertes en Europa, América del Norte y Australia, además de una merma importante en la cantidad y calidad de vida de un gran número de personas en todo el mundo.

Es lo que señala un nuevo informe elaborado por la OCDE como respuesta ante esta amenaza que exige una reacción inmediata por parte de los gobiernos, ya que “incluso pequeños cortes en la cocina, operaciones menores o enfermedades como la neumonía pueden poner en peligro la vida”. Es una cuestión de supervivencia física, pero también una amenaza económica para la que no están preparados ni los Estados más ricos. Según los cálculos de la organización, las complicaciones derivadas de esta situación pueden terminar costando de media 3.500 millones de dólares (unos 3.069 millones de euros) a cada uno de los países desarrollados. Tanto es así que en septiembre de 2016, los líderes mundiales se comprometieron en la Asamblea General de las Naciones Unidas a buscar una solución.

El informe centra su foco en una de las regiones donde los efectos de esta epidemia se dejarán notar en mayor grado. Se trata del sur de Europa, concretamente Grecia, Italia y Portugal, que encabezan la lista de países donde más muertes por habitante se producirán durante los próximos 35 años. Las noticias son amargamente positivas para España, pues se encuentra muy por debajo de sus vecinos a este respecto. En nuestro país, la cifra es de 3,95 muertes por cada 100.000 habitantes, mientras que en Italia es de 18,17; en Grecia, de 14,79; y en Portugal, de 11,34. Lo cual no impide para que, de aquí a 2050, la investigación proyecte en total 77.699 muertes en nuestro país, el séptimo país más dañado tras Estados Unidos, Italia, Francia, Polonia, Alemania y Reino Unido. Los niños menores de 12 y los adultos de más de 70 son víctimas propicias. Además, los hombres son más vulnerables que las mujeres.

Una de las razones que explica la penetración en nuestro país de estas superbacterias es, como señala el informe, que alrededor del 10% de los pacientes españoles deja de tomar antibióticos antes de que el tratamiento finalice, porque ya se sienten mejor. No estamos solos: ocurre lo mismo en Suecia. Pero las superbacterias no solo matan, sino que acortan la esperanza de vida. En Italia, concretamente, una de cada 205 personas perderá un año de vida por esta razón. Hoy, alrededor de un 17% de las infecciones de los países de la OCDE se producen con bacterias resistentes a los antibióticos, un porcentaje que aumenta hasta uno de cada tres en países como Turquía, Corea o Grecia.

Una pequeña inversión, un gran paso

La evolución de la resistencia bacteriana a los antibióticos ha sido implacable durante la última década. En los países desarrollados, en ocho combinaciones comunes, esta ha aumentado de un 14% a un 17% y se prevé que llegue al 18% para el año 2030. Durante los últimos 10 años, tan solo siete países han conseguido cumplir sus objetivos de reducción bacteriana. Se trata de Reino Unido, Suiza, Bélgica, Alemania, Islandia, Canadá y Japón. Por el contrario, esta ha aumentado en otras naciones como Francia, donde la proporción de la resistencia de la ‘klebsiella pneumoniae’ a las cefalosporinas de tercera generación se ha disparado un 27%.

Entre un 45 y un 90% de las prescripciones no cumplen con los requisitos: a menudo son una salida fácil cuando no hay medios ni tiempo

Cuantos más antibióticos se consumen en un país, mayor será la posibilidad de que se desarrolle resistencia bacteriana, como ocurre en Estados Unidos, el país con peores proyecciones y donde se calcula que pueden llegar a fallecer en los próximos 25 años 1.064.087 personas. Sin embargo, hay excepciones, como México (bajo consumo, pero alta resistencia) y Bélgica (al revés que en el país centroamericano, baja resistencia y alto consumo). Una de las razones que lo explica es el consumo de antibióticos por parte de animales utilizados en la industria de la alimentación. En EEUU, el 80% de los antibióticos son adquiridos por el sector del ganado. La gran amenaza que se cierne en el horizonte son los medicamentos de segunda y tercera línea, que serán cada vez más vulnerables de aquí a 2050.

El informe, llamado ‘Stemming the Superbug Tide. Just a Few Dollars More’, es ante todo una guía para la intervención para el futuro próximo que pide unpequeño esfuerzo por parte de cada país (dos dólares por persona cada año) a cambio de sortear un futuro en el que el coste de hacer frente a este problema puede ser aún mayor que el presupuesto destinado actualmente a sanidad. Pero también es posible atajar el problema a través de estrategias de bajo costo, como una mejor higiene en los centros médicos o la implantación de sencillas costumbres como lavarse las manos con frecuencia. Según los cálculos de la OCDE, este gesto podría salvar entre 35.000 y 38.000 vidas al año, algo que ya se puso de manifiesto en la reciente campaña del ébola.

La sobreprescripción de antibióticos es una de las causas de este problema. (iStock)

La sobreprescripción de antibióticos es una de las causas de este problema. (iStock)

Otra de las soluciones propuestas es promover un uso más responsable de los antibióticos, después de décadas de sobreprescripción que han terminando generando un problema que hace no tanto parecía carecer de importancia. El documento recuerda que alrededor de un 50% de los antibióticos de todo el mundo se consumen de manera inapropiada, tanto a través de dosis incorrectas o duraciones inapropiadas como de la autoadministración. El informe también desvela que los médicos frecuentemente prescriben antibióticos aunque no sean necesarios simplemente para satisfacer “los deseos o expectativas de los pacientes”. Entre un 45 y un 90% de las recetas no siguen a rajatabla las guías para la administración de esta clase medicamentos. Se trata de una solución barata y fácil cuando no hay tiempo ni recursos para realizar un diagnóstico en mayor profundidad.

¿Qué nos espera?

Si los antibióticos que utilizamos comúnmente dejan de funcionar, carecemos de una alternativa eficiente. Durante mucho tiempo aparecían continuamente nuevos fármacos que permitían sustituir aquellos que ya no resultaban eficaces, pero la investigación científica se encuentra en un ‘impasse’ que no parece que vaya a cambiar pronto: apenas un 1,5% de los nuevos antibióticos llegan al mercado, al mismo tiempo que el desarrollo clínico de estos candidatos resulta cada vez más caro, lo que ha provocado que muchas farmacéuticas hayan abandonado dicho sector por su escaso margen de beneficio.

MIGUEL AYUSO

No estamos tan lejos de lo que el informe considera “un mundo postantibióticos”, donde ninguno de ellos será eficaz. Hoy en día, en los países de la OCDE, 47 millones de personas desarrollan infecciones que es posible que pronto no puedan ser tratadas, y para las que no existen alternativas. Muchas operaciones quirúrgicas no se realizarían por el alto riesgo que plantearían: el informe calcula que en ese escenario, las 10 operaciones más comunes en los países desarrollados podrían causar 30.000 muertes más en Europa y 21.000 en Estados Unidos. Cifras mareantes para un problema que, como ocurrió con el cambio climático, muchos gobernantes obviaron hasta que fue demasiado tarde.